Hoy me siento renovada. No sé si será la endorfina en mis venas, las vacaciones o esto de haber acabado un año académico totalmente diferente, nuevo, de altas metas conseguidas.
El caso es que hoy siento que tengo ciertos consejos que dar cual abuelito a sus nietos. Así que empecemos, que no hay tiempo que perder.
En primer lugar, vive siempre todo al mil por cien. Todo aquello que te llene, todo aquello que te haga reir, toda aquella persona que te haga sentir confianza. Vívela y disfrútala; no sabes cuánto tiempo estará allí para ti.
Lo siguiente que voy a contaros me ha costado muchísimo tiempo entenderlo. Trágate el orgullo para salvar una amistad o una relación que te ha aportado buenos recuerdos. Si no lo haces, puede que no haya vuelta atrás. Y ten cuidado con lo que dejas ir de tu vida, pues es muy probable que una vez se haya ido, no vuelva.
No dejes de intentar las cosas a la primera. Deja de intentarlo sólo cuando sepas que no tiene solución. Cuando algo no tiene solución, no vale la pena que guardes rencor, que te castigues por haber elegido una cosa u otra. Deja ir ese asunto de tu vida, pues no conseguirás sino hacerte más daño sin necesidad alguna.
No aceptes menos de lo que mereces, ni des más oportunidades a alguien de las que se merece (ten especial cuidado al juzgar cuándo y por qué alguien deja de merecer una oportunidad).
Si alguien te valora, al menos, no le decepciones. Con esto no quiero decir que sólo porque alguien da mucho por ti, le correspondas obligándote. No. Simplemente, si te llama, atiéndele. Todos sabemos lo que se siente que alguien valorado nos de la espalda, sin razón alguna, en momentos en los que sólo necesitábamos un apoyo básico. No lo niegues a alguien que lo necesita, pues probablemente sean un apoyo incondicional cuando tú les necesites. Y, en caso de no ser así, estás haciendo un favor que no te cuesta nada. Sólo tiempo.
No dudes en regalar tu tiempo a los demás.
Nunca te fíes de las apariencias. Nunca juzgues a alguien simplemente por lo que te han contado, por lo que ves, por lo que te deja ver. Nunca creas que conoces a alguien del todo. Somos una caja de sorpresas. Todos y cada uno de nosotros lo somos. Así como tú piensas que hay detalles en tí que guardas sólo para determinadas personas, los demás también.
No cierres tu mente. Sólo has vivido una vez. No podemos entender qué razones tienen los demás para reaccionar de la forma en que lo hacen, y afortunadamente hay mil variantes.
Explícate para que te entiendan. Nadie sabrá qué pasa por tu mente si no lo haces.
No tenemos la verdad en nuestras manos. Sólo tenemos en nuestras manos la capacidad de decidir ante situaciones que se nos dan. No creas que eres mejor que los demás al elegir una cosa u otra. Todas las decisiones que tomamos pueden tener consecuencias buenas o malas. Y así las de todos los demás.
Y, por último, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Nunca se sabe qué puede ocurrir mañana. Quizás no tengas tiempo. quizás de tanto posponerlo se te olvide. O quizás, llegue algún día en que ese mañana no llegue.
martes, 12 de junio de 2012
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