
Estamos condenados al cambio.
Continuo, sin pausa. Poco a poco, cosa a cosa, paso a paso.
Cada pequeño detalle va variando; tus logros, tus metas conseguidas, tus sueños dejados de lado, tus amigos, tus enemigos.
Aun así, no nos damos cuenta de lo trascendente. Nuestra vida avanza como las manillas del reloj: hay cambios espontáneos que vamos percibiendo como al segundero; hay cambios que van más lento, sin hacerse notar tanto, como los minutos; luego encontramos los cambios con los que debemos tener algo de cuidado: las horas. De repente miramos el reloj y no es el mismo.
No nos damos cuenta al momento, debemos hacerlo de golpe, cuando ya no podemos evadir la realidad ni auto-engañarnos.
Te levantas una mañana, miras a tu alrededor y no reconoces nada. Bajaste la guardia y lo único que te resulta familiar es el hueco vacío que dejan, que aun conserva la forma y el olor de lo que se marchó, de lo que cambió, o de lo que desapareció.
Nos pasa por creernos que el mundo no sigue allá, fuera de la ventana.
Nos pasa por descuidarnos y dejar que sea la vida quien pasa por nosotros, y no al contrario. Vive cada segundo, siéntete identificado con cada una de tus acciones, nunca te dejes llevar ni influenciar; sólo tienes una vida para ser quien eres. No dejes jamás de tener sueños ni de luchar por ellos. Victoria, si merecida, dos veces victoria; aquel que gana porque la vida le trae recompensas no las valora ni las saborea, ni puede ser feliz a base de éstas. No hay peor infelicidad que la que no es tristeza, sino monotonía y pasotismo.
Haz una lista con todas tus metas y propósitos. Si no luchas actualmente por ninguno.. felicidades. No eres más que un tonto más que vive porque sus signos vitales anuncian que está vivo, porque respira, y no porque saborea el aire. Lo peor, es que probablemente la mayoría de los que lean esto están incluidos en esa lista.
No valen sueños chorra. No valen luchas pasivas.
Déjate la vida en tu vida.
21 feb 2010

Adoro este texto, muy bien hecho y una idea estupenda.
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